Voces Unidas por la Libertad

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  • El show de Caetano Veloso recorrió sus lazos de sangre, representó el libre pensamiento, expresión y amor entre seres humanos

l grito “Lula libre” se escuchó ayer en el corazón de Ciudad Universitaria. Las pancartas lo remarcaron. Grupos estudiantiles repartieron folletos entre las Islas y aguardaban el momento de hacer sentir su presencia. Caetano Veloso estaba en la casa, en la gloriosa Ciudad Universitaria, hogar de la libertad de expresión, de la lucha y la democracia, y tenían que acompañarlo.

El aroma a humedad estaba presente sobre el césped. El sol lo provocó. Se vendían raspados, refrescos, tacos de canasta; se ondearon banderas verdeamarelhas, fotos de Violeta Parra, bufandas, y símbolos de paz y amor. La bienvenida perfecta para un maestro del pensamiento latinoamericano.

Caetano no llegó solo a Cantares: Fiesta de Trova y Canción Urbana que comenzó ayer en la UNAM, lo hizo acompañado de su sangre: Zeca, Moreno y Tom. La edad ya se refleja en sus manos, no en su espíritu. Su mirada se clavaba por momentos al bello horizonte que tenía de frente, lleno de gente esperanzada, creyente de un nuevo mundo, y muy atrás la Biblioteca Central. Una bella postal para un hombre que sufrió en sus primeros años el exilio, producto de una dictadura y de la fractura social y política que vivió el Brasil de los 60 y 70.

Baby fue su manera de saludar, le siguió O seu amor, sentado en una silla, donde permaneció la mayoría de su presentación, quizá por el estilo de su show Ofertório, que unió a sus tres hijos con la intención de celebrar la reproducción y el libre pensamiento, porque no es secreto que el maestro de 76 años es un ateo; sin embargo, es un caballero respetuoso de la cristiandad de Zeca y Tom, y de los pasos de Moreno en la macumba, un culto que combina el animismo africano y la hechicería.

Sobre el terreno estudiantil también habían fans que vivieron la época del tropicalismo, obviamente con la misma edad que el brasileño, estaban reviviendo su juventud, cantaban y aplaudían cada que Veloso lo pedía y ellos también, desde la comodidad de sus sillas de plástico que acomodaron en sitios de sombra cerca del escenario.

Zeca cantó Todo homem en piano, Tom se sacudió la incomodidad que le provoca cantar, y lo hizo, pero suya fue la tarima que vibró con su samba; Moreno creó arte con un par de lijas y un simple plato de cerámica. Sangre que heredó lo artista del padre, lo revolucionario y diverso, bastó con escuchar Alexandrino en vivo para entender cómo Caetano aún es capaz de llevar la música popular a través de otras ramas de la música contemporánea.

Los de las aguas hacían su agosto, hubo perros perdidos atropellando gente y una joven ofreciendo una golosina gourmet que llamaba “chocolate mágico”, caras rojas, cuellos y pieles calcinadas por la intensidad del sol, sudor, pero mucha actitud para bailar How Beautiful Could a Being Be.

El maestro Veloso lanzó un beso a la eternidad para su amigo João Gilberto que recientemente partió. “Esta es una canción mexicana, o quizá, ¡la canción mexicana! A su memoria”, dijo en el fluido español que le caracteriza, con el galante acento portugués. Bésame mucho, de Consuelito Velázquez, fue con mucho cariño para el padre de la bossa nova.

El sol le estropeó un par de veces la guitarra. Requirió auxilio para afinarla por parte de un miembro de su staff. Se le dio una indicación con una hoja o una letra, lo que fuera, lo desechó. Él quiso cantar su propia versión de Cucurrucucú paloma sin ayuda alguna, sólo con las voces de México y de los paisanos brasileños que le acompañaron.

Y para terminar, A Luz de Tieta. Los cuatro Veloso se pusieron de pie, al límite del escenario y escucharon el coro de su canción en propiedad de un pueblo mexicano y de una comunidad estudiantil que recordó cuán importante es imponer el diálogo a través del arte como recurso para resolver cualquier problemática y no la violencia.

Paliacates verdes proaborto, banderas rojas, locales y de la universidad despidieron a Caetano, acompañado de un efusivo “¡2 de octubre no se olvida! ¡La lucha sigue!”.

 

PATRIMONIO DE LA CIUDAD DE MÉXICO

 

José Alfonso Suárez del Real, secretario de Cultura, fue el encargado de reconocer al maestro Óscar Chávez y a su obra como Patrimonio Vivo de la Ciudad de México justo en los terrenos de la UNAM, aquellos que ocupó en 1968 para hacer sentir su voz y la de los estudiantes.

Y obviamente el Caifán Mayor lo celebró con una hora de canciones como Macondo, Prisionero de tus brazos, Por ti, Carta a Margarita y La llorona.

Durante la entrega de galardones, también se reconoció a Veloso como Embajador Honorario de la Capital Cultural de América, lo mismo para Leticia Servín, Fernando Delgadillo, Inti Illimani, Isabel y Tita Parra, hija y nieta, respectivamente, de la cantautora chilena Violeta Parra.

Justo ellas enamoraron a los estudiantes presentes con el tema Me gustan los estudiantes, de Violeta, además de dedicar a México el tema La tierra y recordar el exilio que también vivieron integrantes de la familia Parra, producto de la situación política de su país. (iM-rrc)

 

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